La medí cada mayo durante seis años. El año pasado tuve que escribir la fecha torcida porque ya no cabía entre una marca y la otra. No es que no creciera. Es que entre la penúltima raya y la última apenas hay sitio para el lápiz, y cuando te das cuenta de eso de golpe, en el pasillo, con el lápiz todavía en la mano, se te queda una cosa en el pecho que no sabes cómo llamar. Se lo dije a la pediatra. Me dijo que estaba dentro de lo normal, que cada niña lleva su ritmo, que ya pegaría el estirón. Y yo asentí, como asentimos todas. Lo que nadie me explicó hasta mucho después es que en las niñas la ventana se cierra antes. Los cartílagos de crecimiento de una chica suelen cerrarse sobre los dieciséis o diecisiete años. Los de un chico, uno o dos años más tarde. Es decir: ella tiene menos tiempo, y nadie te lo dice en la consulta. Mientras esa ventana sigue abierta, el hueso necesita cuatro cosas trabajando a la vez. El zinc interviene en la división celular del cartílago. La vitamina D3 permite que el calcio se absorba. El calcio es el material. El magnesio entra en el descanso profundo, que es cuando el cuerpo hace la mayor parte de ese trabajo. Si falta una, el proceso va más lento. Y no salta en una analítica de rutina, porque la analítica busca una carencia clínica, no si hay suficiente para una etapa de crecimiento. Garantía de 90 días. Dejé de esperar a mayo para hacer algo. Aluna® — Zinc, vitamina D3, calcio y magnesio en gominola. Dos al día, sabor fresa, desde los 5 años. Sin hormonas. Sin azúcares añadidos.
Not enough history yet to show a trend.